domingo, abril 14

casi 5.000 kilómetros para llegar a Estados Unidos

Durante las semanas que Yeison y Nico tardaron en emigrar desde Venezuela a Estados Unidos, recorrieron peligrosas selvas y pasaron sobre un cadáver.

Se han vuelto tan inseparables que Yeison vendió su celular para que ambos tuvieran dinero suficiente para continuar su viaje en autobús. Ahora que Yeison se prepara para entrar por fin a Estados Unidos, es probable que tenga que dejar atrás a Nico. Y todo porque Nico es una ardilla.

Este hombre de 23 años y su mascota son un reflejo inusual pero rotundo de las elecciones emocionales que toman los migrantes sobre qué llevar -y qué dejar atrás- cuando se embarcan en el peligroso viaje hacia el norte.

Yeison, que rechazó identificarse con su apellido por temor a la seguridad de su familia en Venezuela, dijo que ir sin Nico no era una opción. Pero en México podrían verse obligados a separar sus caminos.

Yeison, que es uno de los millones de venezolanos que huyen de la inestabilidad política y económica en su país, logró una cita para presentarse en la frontera y solicitar asilo en EE.UU. Normalmente, no se permite que los animales crucen la frontera. “(Sería) otra vez comenzar prácticamente desde cero sin Nico”, afirmó Yeison dispuesto a no dejar a su mascota.

Llevar lo que puedan

Muchos de quienes emprenden la travesía de aproximadamente 4.800 kilómetros hacia la frontera del otro lado del Río Bravo lo hacen con aquello que pueden llevar a cuestas y con sus seres queridos. En el caso de Yeison, es una ardilla con una franja negra y motas de pelo blanco, que viajó dentro de un gorro de punto rojo en el interior de una mochila.

La ardilla Nico viajó con Yeison en una mochila. Foto: AP

Durante seis meses, Yeison y Nico vivieron en una tienda de campaña en un asentamiento con cientos de migrantes más en Matamoros. Están al otro de la frontera de la ciudad de Brownsville, Texas, ubicada a cientos de kilómetros al este de Eagle Pass que había entrado en emergencia por el flujo de migrantes.

En un día reciente, Nico trepó sobre los hombros de Yeison y se quedó cerca mientras correteaba por la tienda. Las posibilidades de que Yeison pueda llevarse a Nico al otro lado de la frontera son escasas, pero los voluntarios del campamento no se rinden.

Gladys Cañas, directora de la ONG Ayudándoles A Triunfar, dijo que se ha encontrado con otros que querían pasar con sus mascotas, gatos, perros e incluso un conejo una vez. Pero nunca, hasta ahora, con una ardilla.

Cañas ayudó a Yeison a contactar con un veterinario para que documentara las vacunas del animal y poder presentárselas a los agentes fronterizos. Espera que le permitan pasar, ya sea con Yeison o con un voluntario. “Existe una conexión entre él y la ardilla, tanta que prefirió traerla antes que dejarla con la familia en Venezuela y enfrentarse a los problemas que conlleva el viaje migratorio. Se infundieron valor mutuamente”, dice.

Yeison recordó que encontró a la ardilla un día que estuvo a punto de pisarla en Venezuela. Parecía recién nacida y Yeison se la llevó a casa, donde la bautizó como Nico y su familia la alimentó con yogurt. La exigente mascota, según Yeison, prefiere mordisquear pinos y se alimenta de tomate y mango, incluso en épocas en que son difíciles de conseguir.

Los venezolanos que emigran llevan sus pertenencias más preciadas. Yeison llevó a su ardilla. Foto: AP Los venezolanos que emigran llevan sus pertenencias más preciadas. Yeison llevó a su ardilla. Foto: AP

Al principio, Yeison buscó trabajo en Colombia. Cuando regresó, se encontró con que Nico tenía una astilla de pino en un ojo, y decidió que debía cuidarla y viajaría con él a EE.UU.

La peligrosa selva del Darién

Como miles de migrantes, Yeison tuvo que cruzar la peligrosa selva del Darién, donde dijo que encontró el cadáver de un hombre. Según su relato, escondió a Nico en una mochila cuando subían a los autobuses y para pasar las inspecciones de los puestos de control en México.

Pero en una ocasión, un conductor de ómnibus descubrió a la ardilla y le hizo pagar más para que el animal pudiese seguir a bordo. Yeison vendió su celular por 35 dólares para cubrir ese costo.

Una vez que llegaron al asentamiento de Matamoros, la pareja se acostumbró a la rutina. Yeison gana dinero cortando el pelo junto a su tienda y a menudo se duerme compartiendo almohada con Nico por la noche.

“Lo que no quisiera es que se separara de mí, porque yo sé que si se enferma él, me enfermo yo”, afirmó Yeison.